Hace tiempo que no escribía nada. El trabajo, mi vida normal, en fin.
He estado escribiéndome con un amigo extranjero. Mi amigo, a quien no conozco personalmente, se ha embarcado con su esposa en la aventura de ser un cornudo consentido. Su esposa ya ha disfrutado con su primer amante, ha dormido con él, ha tenido sexo con el otro. Porque para nosotros que disfrutamos el saber que nuestras esposas tienen sexo con otros, el amante es siempre en nuestra mente "el otro".
Mi amigo ha pasado por los celos, la inseguridad de seguir con la situación, la ansiedad de no saber que hace su esposa, en fin. Pero al parecer ya toda esta parte compleja de emociones revueltas previas a la realización de la infidelidad consentida ya ha pasado. La esposa de mi amigo, una mujer bella, de la cual solo conozco en una fotografía sus hermosas tetas, ya ha disfrutado acostarse con su amante, seducirlo y tener sexo con él. Mi amigo me cuenta que se reunieron después que ella salió del hotel donde paso la tarde con su amante y conversaron los tres. El amante le pidió estar con ella toda la noche y así fue. Volvieron al hotel y no salieron hasta la mañana del día siguiente, en que ella se fue a la casita a compartir con su marido ahora verificadamente cornudo. Ya mi amigo acepta y disfruta la situación, me comenta en sus correos lo excitantes que fueron los días siguientes a la aventura de su esposa (aventura de ambos en realidad), como la desea, como mira su boca y se vienen a la mente imágenes de ella besándose y dándole sexo oral al amante. Ella le contó todo, pero mi amigo aun quiere saber mas detalles.
Yo por mi parte lo entiendo, y sus experiencias me hacen recordar las primeras aventuras de mi esposa con otros hombres. Me hace recordar esa misma ansiedad, esa misma excitación intensa que yo sentía cuando mi amada regresaba de haber estado con otro, como yo preguntaba detalles y como ella poco a poco se daba cuenta que realmente para mi era tremendamente excitante que ella se acostara con otros.
Ahora, ya han pasado mas de treinta años de esas primeras aventuras de mi amada. Ha transcurrido el tiempo y muchos amantes han pasado entre sus piernas que adoro. Ahora desde hace unos años, se ha tranquilizado. Mantiene relaciones con dos amantes permanentes desde ya unos ocho años. Son sus machos como ella dice. La he visto gozar con ambos a la vez, desatada y hermosa. He visto el semen de sus machos derramarse en su cuerpo, dentro de su sexo y de su culo, en su vientre, en sus tetas y en su boca. Y he besado ese cuerpo chorreado, excitado a mas no poder con mi esposa ardiente, su boca golosa olorosa a sexo.
Deseo que mi amigo pueda vivir experiencias similares a las mías, saber que otro goza de una mujer libre y gozadora me produce una extraña alegría y excitación.
Y me doy cuenta que cada vez somos más los hombres que gozan sabiendo que sus mujeres no son solo suyas, sino de todos los machos a que ellas se entregan.
He estado escribiéndome con un amigo extranjero. Mi amigo, a quien no conozco personalmente, se ha embarcado con su esposa en la aventura de ser un cornudo consentido. Su esposa ya ha disfrutado con su primer amante, ha dormido con él, ha tenido sexo con el otro. Porque para nosotros que disfrutamos el saber que nuestras esposas tienen sexo con otros, el amante es siempre en nuestra mente "el otro".
Mi amigo ha pasado por los celos, la inseguridad de seguir con la situación, la ansiedad de no saber que hace su esposa, en fin. Pero al parecer ya toda esta parte compleja de emociones revueltas previas a la realización de la infidelidad consentida ya ha pasado. La esposa de mi amigo, una mujer bella, de la cual solo conozco en una fotografía sus hermosas tetas, ya ha disfrutado acostarse con su amante, seducirlo y tener sexo con él. Mi amigo me cuenta que se reunieron después que ella salió del hotel donde paso la tarde con su amante y conversaron los tres. El amante le pidió estar con ella toda la noche y así fue. Volvieron al hotel y no salieron hasta la mañana del día siguiente, en que ella se fue a la casita a compartir con su marido ahora verificadamente cornudo. Ya mi amigo acepta y disfruta la situación, me comenta en sus correos lo excitantes que fueron los días siguientes a la aventura de su esposa (aventura de ambos en realidad), como la desea, como mira su boca y se vienen a la mente imágenes de ella besándose y dándole sexo oral al amante. Ella le contó todo, pero mi amigo aun quiere saber mas detalles.
Yo por mi parte lo entiendo, y sus experiencias me hacen recordar las primeras aventuras de mi esposa con otros hombres. Me hace recordar esa misma ansiedad, esa misma excitación intensa que yo sentía cuando mi amada regresaba de haber estado con otro, como yo preguntaba detalles y como ella poco a poco se daba cuenta que realmente para mi era tremendamente excitante que ella se acostara con otros.
Ahora, ya han pasado mas de treinta años de esas primeras aventuras de mi amada. Ha transcurrido el tiempo y muchos amantes han pasado entre sus piernas que adoro. Ahora desde hace unos años, se ha tranquilizado. Mantiene relaciones con dos amantes permanentes desde ya unos ocho años. Son sus machos como ella dice. La he visto gozar con ambos a la vez, desatada y hermosa. He visto el semen de sus machos derramarse en su cuerpo, dentro de su sexo y de su culo, en su vientre, en sus tetas y en su boca. Y he besado ese cuerpo chorreado, excitado a mas no poder con mi esposa ardiente, su boca golosa olorosa a sexo.
Deseo que mi amigo pueda vivir experiencias similares a las mías, saber que otro goza de una mujer libre y gozadora me produce una extraña alegría y excitación.
Y me doy cuenta que cada vez somos más los hombres que gozan sabiendo que sus mujeres no son solo suyas, sino de todos los machos a que ellas se entregan.